La enfermedad de Alzheimer suele explicarse a partir de las placas de beta amiloide y de los ovillos de proteína tau, pero un estudio reciente sugiere que parte del problema también podría venir de otro lado: de mutaciones que aparecen con la edad en células del sistema inmune y que se parecen a las que impulsan algunos cánceres de la sangre.
El trabajo, publicado en Cell, analizó 149 genes asociados con cáncer en muestras cerebrales de 190 personas con Alzheimer y las comparó con tejido de 121 cerebros sin la enfermedad. Los investigadores encontraron que en los cerebros con Alzheimer aparecían más cambios puntuales en el ADN y que muchos se repetían en un grupo reducido de genes ya conocidos por favorecer la expansión anormal de ciertas células sanguíneas.
La clave del hallazgo está en qué células llevaban esas mutaciones. Los autores apuntan a la microglía, un conjunto de células inmunes que actúa como sistema de limpieza y vigilancia del cerebro. En condiciones normales, ayudan a retirar restos celulares y a responder frente a daño o infección. Según el estudio, cuando parte de esas células acumula mutaciones de este tipo, puede adoptar un comportamiento más inflamatorio y proliferativo, algo que encaja con uno de los rasgos más estudiados del Alzheimer: la inflamación persistente del tejido nervioso.
La sorpresa fue mayor cuando el equipo buscó las mismas mutaciones en sangre y las encontró también allí. Eso refuerza la idea de que algunas células inmunes originadas fuera del cerebro podrían entrar cuando la barrera hematoencefálica pierde eficacia con la edad o con el daño acumulado, y después contribuir al problema dentro del sistema nervioso. Si esa interpretación se confirma, el Alzheimer no sería solo una enfermedad de neuronas y proteínas mal plegadas, sino también de linajes celulares que cambian con el envejecimiento.
El resultado no significa que el Alzheimer sea un cáncer ni que ya exista un tratamiento listo para reutilizar. Lo que muestra es una coincidencia biológica inesperada entre ambos procesos: ciertas mutaciones que en un tejido pueden favorecer tumores, en el cerebro podrían empujar una respuesta inmune dañina. Esa conexión vuelve interesante una posibilidad práctica: buscar en sangre señales genéticas que ayuden a identificar riesgo o subtipos de la enfermedad sin necesidad de acceder al tejido cerebral.
También abre preguntas terapéuticas. Si algunas de estas células mutadas efectivamente alimentan la inflamación, los fármacos desarrollados para frenar vías similares en oncología podrían servir como punto de partida para nuevas estrategias en demencia. Pero ese salto todavía está lejos. El estudio se apoya en muestras de tejido humano y en análisis celulares avanzados, y no demuestra por sí solo que bloquear esas mutaciones vaya a cambiar la evolución clínica en pacientes.
Por ahora, el aporte principal es conceptual. En vez de mirar el Alzheimer únicamente como una acumulación de proteínas tóxicas, propone sumarle otra capa: el envejecimiento puede ir seleccionando células inmunes alteradas que agravan el daño cerebral. Entender cuánto pesa ese mecanismo y en qué personas aparece con más fuerza será una de las preguntas importantes para los próximos años.
Nephron · CC BY-SA 3.0 · Fuente de imagen
Huang, A. Y., Zhou, Z., Talukdar, M., Enyenihi, L., Miller, M. B., Chhouk, B., ... Walsh, C. A. (2026). Somatic cancer variants enriched in Alzheimer's disease microglia-like cells drive inflammatory and proliferative states. Cell, 189(12), 3719. https://doi.org/10.1016/j.cell.2026.03.040
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