Las pinturas rupestres suelen dejar preguntas difíciles de responder: quiénes las hicieron, quiénes tocaron esas paredes y qué relación tuvieron con los grupos humanos que ocuparon esos lugares. Un nuevo estudio abre una vía inesperada para acercarse a esas respuestas. Por primera vez, un equipo de investigadores recuperó ADN humano antiguo directamente de paredes de cuevas en España y Portugal.
Hasta ahora, los estudios de ADN antiguo vinculados a contextos arqueológicos se apoyaban sobre todo en huesos, sedimentos, objetos o restos hallados en el suelo de los yacimientos. La novedad aquí es que los investigadores probaron si también podían quedar rastros genéticos en superficies rocosas asociadas al arte rupestre, una huella potencialmente ligada a la presencia humana en lugares muy concretos.
El trabajo analizó muestras de pigmento y de costras minerales recogidas en 24 paneles de arte rupestre repartidos en 11 cuevas, entre ellas Altamira, en España, y Escoural, en Portugal. Los autores detectaron ADN mitocondrial y nuclear humano antiguo en una costra calcítica pigmentada de la cueva de Escoural, además de señales en una muestra no pigmentada de la misma pared. Según el estudio, la ausencia de ADN de fauna en esos casos refuerza la posibilidad de que el material genético haya quedado allí por contacto humano directo.
Ese resultado no significa que los científicos ya puedan identificar a las personas que pintaron una figura concreta. El propio trabajo es prudente en ese punto. Lo que muestra es que las paredes pueden conservar trazas humanas durante miles de años y que, afinando el método, podría volverse posible relacionar mejor ciertas superficies pintadas con las poblaciones que pasaron por ellas.
La importancia del hallazgo es sobre todo metodológica. Si esta estrategia se confirma y mejora, la arqueología podría sumar una nueva fuente de evidencia para estudiar ocupación humana, circulación por los sitios y quizá vínculos entre distintos estilos de arte rupestre y grupos específicos. En contextos donde no hay restos óseos o donde el registro del suelo está muy alterado, una pared podría aportar información que hasta ahora parecía pérdida.
El estudio también deja claro que el método todavía está en una etapa inicial. No todas las muestras dieron el mismo resultado y en varios casos aparecieron mezclas de ADN humano y animal, lo que sugiere depósitos indirectos o contaminación ambiental más compleja. Además, recuperar ADN de una pared no equivale automáticamente a demostrar quién produjo una pintura ni cuándo lo hizo exactamente.
Aún con esas limitaciones, el hallazgo cambia una idea de fondo: las paredes de una cueva no son sólo soporte del arte, también pueden guardar señales biológicas de quienes estuvieron allí. Para la investigación sobre el Paleolítico, esa posibilidad abre una línea nueva y bastante concreta para hacer preguntas más finas sobre autores, visitantes y usos de estos espacios.
In painted caves, ancient human DNA clings to the walls · Science News
Science News · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Bossoms Mesa, A., Essel, E., Jáuregui, L., Galtier, A., Zavala, E. I., Nota, K., Szymanski, M., Zorn, J., Gomes, H., Nash, G. H., Rosina, P., et al. (2026). Investigating ancient human DNA preservation on cave walls and in rock art. Nature Communications. https://doi.org/10.1038/s41467-026-74234-2
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