Una noche sin dormir aumenta un marcador de conexiones en el cerebro

Un estudio con 40 adultos halló que pasar unas 28 horas despierto eleva en varias regiones del cerebro un marcador asociado a la densidad de sinapsis, en línea con la idea de que dormir ayuda a reajustar esas conexiones.

Por Redacción Ciencias.UY 24 de junio de 2026 a las 05:00 4 min de lectura
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Mapas cerebrales y gráfico del estudio que muestran cambios en un marcador de actividad sináptica después de una noche sin dormir

Pasar una noche entera sin dormir no solo vuelve más lenta a una persona o la hace sentir somnolienta. Un estudio en humanos sugiere que también modifica, al menos de manera transitoria, un marcador cerebral asociado a la densidad de sinapsis, los puntos de contacto por los que las neuronas intercambian señales. El resultado encaja con una idea discutida desde hace años en neurociencia: que durante la vigilia las conexiones tienden a reforzarse y que el sueño ayuda a rebajar parte de esa carga para mantener al cerebro funcionando de forma estable.

La hipótesis no es nueva, pero demostrarla directamente en personas vivas ha sido difícil. Gran parte de la evidencia provenía de animales o de mediciones indirectas. En este trabajo, publicado en PLOS Biology, investigadores de Alemania usaron tomografía por emisión de positrones, o PET, con un trazador llamado [18F]SynVesT-1. Ese compuesto permite seguir la proteína SV2A, presente en vesículas sinápticas y utilizada como una aproximación a la cantidad de conexiones activas o disponibles en el cerebro.

El equipo estudió a 40 adultos jóvenes sanos, con una edad media de 27,5 años. La mitad siguió un patrón normal de sueño y la otra mitad permaneció despierta unas 28 horas continuas. Todos pasaron por dos estudios PET en días consecutivos, siempre en horarios comparables del ritmo circadiano, para evitar que las diferencias se explicaran simplemente por la hora de la medición.

Después de la noche en vela, el grupo privado de sueño mostró aumentos significativos de la señal de SV2A en varias regiones cerebrales. Entre los cambios más claros estuvieron el tálamo, con un aumento promedio de 4,6%, el hipocampo, con 5,6%, y la corteza parietal, con 3,2%. En el grupo control no aparecieron variaciones comparables, algo importante porque refuerza la idea de que la diferencia no fue un simple ruido de la técnica ni una oscilación normal entre una medición y otra.

Los autores interpretan esos datos como apoyo en vivo para la llamada hipótesis de homeostasis sináptica. Según ese marco, mientras estamos despiertos el cerebro incorpora experiencias, estímulos y aprendizajes que tienden a fortalecer muchas conexiones. Dormir no sería solo una pausa, sino también una forma de recalibrar ese sistema, conservando lo importante y reduciendo parte del exceso acumulado durante la vigilia. Si ese reajuste no ocurre, la presión de sueño seguiría aumentando.

El estudio sumó otra pista en esa dirección. Tras la segunda PET, las personas privadas de sueño tuvieron una oportunidad breve de recuperación, y los investigadores analizaron su actividad cerebral durante ese descanso con electroencefalografía. Cuanto mayor había sido el aumento del marcador SV2A, mayor tendía a ser también la actividad de ondas lentas en el sueño de recuperación, una señal fisiológica muy ligada a la necesidad de dormir. En cambio, esa relación no apareció con la misma claridad al comparar los cambios del marcador con las pruebas cognitivas o con la sensación subjetiva de sueño.

El hallazgo importa porque ayuda a conectar dos niveles de explicación que suelen estudiarse por separado. Por un lado, la experiencia cotidiana de que después de muchas horas despiertos el cerebro parece saturarse. Por otro, la idea celular de que las conexiones sinápticas necesitan un equilibrio fino para no volverse ineficientes, costosas en energía o demasiado ruidosas. Ver una señal compatible con ese proceso en personas vivas abre una vía para investigar mejor cómo el sueño influye en la memoria, el aprendizaje y algunos trastornos psiquiátricos o neurológicos.

Eso no significa que el trabajo haya medido sinapsis una por una ni que pruebe por sí solo qué cambia exactamente dentro de cada circuito. SV2A es un marcador útil, pero indirecto. La PET no observa neuronas individuales ni distingue por sí sola si la señal refleja más vesículas sinápticas, cambios funcionales temporales o una combinación de varios procesos biológicos. Además, la muestra fue relativamente pequeña, estuvo compuesta por adultos jóvenes sanos y evaluó privación aguda de sueño, no las formas crónicas y más habituales de dormir poco en la vida diaria.

Por eso el estudio debe leerse como una pieza importante, no como un veredicto final. Aún así, refuerza una conclusión que la experiencia común ya sugiere y que la biología viene tratando de explicar con más precisión: dormir no es tiempo perdido. También puede ser una forma en que el cerebro ordena sus conexiones después de un día entero de actividad.

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Cita original

Elmenhorst, D., Foerges, A. L., Gordji-Nejad, A., Elmenhorst, E.-M., Kroll, T., Matusch, A., Beer, S., Neumaier, B., Krapf, P., Lerche, C., Drzezga, A., & Bauer, A. (2026). Sleep deprivation increases levels of the synaptic density marker SV2A in the human brain. PLOS Biology, 24(6), e3003816. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003816

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