Una de las preguntas más viejas de la geología planetaria sigue sin respuesta definitiva: de dónde salió el agua que hoy llena los océanos de la Tierra. Durante décadas, la idea más repetida fue que llegó desde afuera, primero en cometas y luego, con más fuerza, en asteroides ricos en agua. Pero nuevos experimentos y análisis químicos están devolviendo protagonismo a otra hipótesis: que una parte importante de esa agua pudo formarse en la propia Tierra primitiva.
La discusión no es un detalle menor. El agua líquida ayudó a regular la temperatura del planeta, moldeó su superficie y fue una condición fundamental para la vida tal como la conocemos. Entender su origen también sirve para pensar qué tan comunes podrían ser los mundos habitables en otros sistemas planetarios. Si un planeta rocoso puede fabricar agua por su cuenta, las probabilidades de que existan mundos húmedos podrían ser mayores de lo que se suponía.
La vieja hipótesis de los aportes externos no apareció por capricho. Los científicos comparan la proporción entre hidrógeno común y deuterio, una variante más pesada, para rastrear parentescos entre distintas reservas de agua. Durante años, varios cometas no encajaban bien con la firma isotópica de los océanos terrestres, mientras que ciertos meteoritos y asteroides parecían ofrecer una coincidencia más convincente. Incluso muestras traídas del asteroide Ryugu reforzaron recientemente la idea de que los asteroides pudieron aportar una parte significativa del agua de la Tierra.
Sin embargo, esa explicación tampoco cierra del todo. Los gases nobles y otros rastros químicos presentes en esos materiales no siempre coinciden con lo que se observa en nuestro planeta, y además todo el modelo depende de una secuencia de impactos ocurridos en un momento bastante preciso de la historia terrestre. Por eso cobró interés otra posibilidad: que cuando la Tierra era una esfera de roca fundida, con una atmósfera rica en hidrógeno, ciertas reacciones químicas entre ese gas y el magma pudieran generar agua de forma rápida y abundante.
Esa idea ganó fuerza con un trabajo publicado en Nature en 2025, en el que un equipo recreó en el laboratorio condiciones de muy alta presión y temperatura para estudiar cómo interactúan el hidrógeno y la roca fundida. El resultado fue llamativo: la reacción produjo mucha más agua de la que predecían los cálculos previos. El estudio no demuestra por sí solo que así nacieron los océanos terrestres, pero sí vuelve físicamente plausible un mecanismo que antes parecía demasiado débil o improbable.
Eso no significa que la explicación externa haya quedado descartada. De hecho, varios especialistas citados por Quanta Magazine siguen viendo más fuerte la opción de los asteroides, mientras otros creen que ambas cosas pudieron ocurrir a la vez. La imagen que empieza a tomar forma no es la de una única fuente milagrosa, sino la de una combinación de procesos: parte del agua habría llegado en materiales del espacio y parte podría haberse fabricado aquí, en un planeta joven, caliente y químicamente mucho más activo que el actual.
La principal limitación es que buena parte de esta historia sigue armándose con piezas indirectas: relaciones isotópicas, simulaciones, meteoritos, muestras de asteroides y experimentos que imitan condiciones extremas. Nada de eso equivale a observar de manera directa la Tierra de hace más de 4.000 millones de años. Pero incluso con esa incertidumbre, el panorama cambió. La pregunta ya no es solo si el agua vino del espacio, sino cuánto pudo traer el cosmos y cuánto pudo cocinar la propia Tierra antes de convertirse en un planeta azul.
Where Did Earth Get Its Oceans? Maybe It Made Them Itself. · Quanta Magazine
ScienceDaily · Imagen acompañante de un artículo científico previo reutilizada como ilustración contextual; atribución preservada · Fuente de imagen
Horn, H. W., Vazan, A., Chariton, S., Prakapenka, V. B., & Shim, S.-H. (2025). Building wet planets through high-pressure magma-hydrogen reactions. Nature, 646(8087), 1069-1074. https://doi.org/10.1038/s41586-025-09630-7
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