Un modelo hepático con células inmunes mejora las pruebas de toxicidad de fármacos

Un estudio en eLife combinó hepatocitos y células inmunes derivadas de células madre para construir un modelo de hígado más realista, capaz de reflejar mejor ciertas reacciones tóxicas a medicamentos.

Por Redacción Ciencias.UY 30 de junio de 2026 a las 03:00 5 min de lectura
Imagen: eLife Imagen acompañante del paper original; atribución preservada Fuente de imagen
Esquema y mediciones de un cocultivo de hepatocitos y macrófagos derivados de células madre usado para modelar respuestas tóxicas del hígado

Muchos medicamentos fracasan tarde, o generan sorpresas peligrosas, porque el hígado humano real es más complejo que los sistemas usados para probarlos en el laboratorio. Un estudio publicado en eLife propone una mejora importante: cultivar hepatocitos junto con células inmunes parecidas a las que viven dentro del hígado para obtener un modelo que responda de una manera más cercana a lo qué ocurre en el organismo.

La pieza faltante eran las llamadas células de Kupffer, unos macrófagos residentes que ayudan a mantener el equilibrio del hígado y también participan en algunas lesiones causadas por fármacos. Los modelos in vitro suelen concentrarse en los hepatocitos, que son las células que procesan buena parte de los compuestos que entran al cuerpo, pero dejan de lado esa conversación constante con el sistema inmune. El resultado es un hígado de laboratorio útil para algunas preguntas, aunque demasiado incompleto para otras.

Para acercarse mejor a esa realidad, el equipo generó hepatocitos y macrófagos a partir de células madre pluripotentes inducidas, es decir, células reprogramadas para volver a un estado capaz de originar distintos tejidos. Luego los hizo crecer juntos en un mismo sistema, a partir de la misma línea celular, para que compartieran el mismo trasfondo biológico. Al comparar ese cocultivo con hepatocitos criados solos y con macrófagos expuestos solo a señales químicas del medio, vieron que el contacto directo entre ambos tipos celulares cambiaba a los dos.

Por un lado, los hepatocitos reducían marcadores típicos de estadios más inmaduros y aumentaban genes ligados al metabolismo de sustancias, incluidos citocromos que suelen usarse como referencia para saber cuán útil es un modelo hepático. Por otro, los macrófagos adquirían con más fuerza rasgos propios de las células de Kupffer. Esa mejora no apareció con la misma intensidad cuando los investigadores usaron solo medio condicionado, lo que sugiere que no alcanza con intercambiar moléculas a distancia: el contacto físico entre células también importa.

La prueba más interesante llegó cuando el modelo fue expuesto a siete compuestos hepatotóxicos ya conocidos. En cinco de los fármacos asociados a lesiones hepáticas con participación inmune, el sistema mostró respuestas de citocinas dependientes de la dosis. En cambio, dos compuestos sin complicaciones inmunes reportadas no provocaron cambios comparables. Además, ese patrón no se reprodujo igual cuando los autores reemplazaron estos macrófagos derivados de células madre por macrófagos obtenidos de monocitos de sangre periférica, una fuente mucho más usada en laboratorio.

La relevancia del trabajo no está en prometer un test listo para hospitales o farmacias, sino en mejorar una etapa previa y muy necesaria: detectar antes qué tipo de interacción entre un medicamento y el hígado merece atención. Si un modelo experimental se parece más al tejido humano, puede ayudar a depurar candidatos, comparar compuestos y reducir parte de la dependencia de ensayos animales o de sistemas demasiado simplificados.

También hay un mensaje más amplio detrás del estudio. En biología no siempre alcanza con reunir los tipos celulares correctos por separado; a veces lo decisivo es cómo se influyen entre sí. En este caso, los autores muestran que una célula inmune residente no solo vigila al hígado, sino que puede contribuir a que el tejido cultivado se comporte de un modo más creíble. Eso vuelve al modelo más interesante no solo para estudiar toxicidad farmacológica, sino también para investigar inflamación, reparación y otras enfermedades hepáticas.

Como toda investigación preclínica, el trabajo tiene límites importantes. El sistema sigue siendo una versión simplificada y bidimensional del hígado, no incorpora toda la arquitectura del órgano ni la diversidad completa de sus células, y varias conclusiones sobre maduración se apoyan sobre todo en perfiles de expresión génica y respuestas de citocinas. Además, aunque los resultados apuntan a que el contacto directo entre células es importante, el estudio no resuelve por completo qué señales concretas explican ese efecto. Aún así, aporta una idea sólida: para predecir mejor cómo un fármaco puede dañar el hígado, conviene dejar de pensar ese órgano como un cultivo de una sola célula y empezar a modelarlo como una conversación.

Imagen

eLife · Imagen acompañante del paper original; atribución preservada · Fuente de imagen

DOI del paper

10.7554/eLife.108938.3

Cita original

Lee, C. Z. W., Tasnim, F., Huang, X., Sethi, R., Song, Y., Kozaki, T., De Schepper, S., Ang, N., Low, I., Hwang, Y. Y., Chen, J., Yu, H., & Ginhoux, F. (2026). Direct contact between iPSC-derived macrophages and hepatocytes drives reciprocal acquisition of Kupffer cell identity and hepatocyte maturation. eLife, 14, RP108938. https://doi.org/10.7554/eLife.108938.3

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