El Mar Negro suele verse oscuro desde el espacio, pero en primavera y verano a veces se cubre de remolinos turquesa que delatan una actividad biológica intensa. Ese color aparece cuando proliferan coccolitóforos, un grupo de fitoplancton microscópico recubierto por placas de carbonato de calcio que reflejan la luz y vuelven lechosa la superficie del agua. Una imagen captada el 22 de junio por el instrumento OCI del satélite PACE de la NASA volvió a mostrar ese fenómeno con claridad, mientras un estudio reciente sugiere que en la parte nororiental del mar estas floraciones podrían estar durando más de lo que era habitual.
La importancia del hallazgo no está solo en el color. Los coccolitóforos forman parte de la llamada bomba biológica de carbono del océano: toman dióxido de carbono, lo incorporan a su biomasa y, cuando mueren, parte de ese carbono puede hundirse y quedar almacenado durante largos períodos. Si sus floraciones cambian de duración, intensidad o momento del año, también puede cambiar la manera en que el ecosistema marino mueve carbono y nutrientes.
El trabajo publicado en la revista Diversity analizó observaciones de 2022 y 2023 en el noreste del Mar Negro. Según sus autores, en esos años apareció un patrón inusual: la fase dominada por coccolitóforos se extendió hasta fines de julio, más allá de lo esperado, y el auge posterior de grandes diatomeas se desplazó hacia agosto o septiembre. En otras palabras, una etapa típica de fines de primavera y comienzos del verano pareció alargarse y alterar la secuencia estacional que suele ordenar la producción biológica en esas aguas.
Para entender por qué ocurrió, el equipo combinó datos de campo con información sobre condiciones físicas y químicas del agua. El estudio apunta a una mezcla de factores: menos mezcla vertical por acción del viento, una columna de agua más estable, una termoclina superficial y una combinación de poco nitrógeno con fósforo relativamente disponible. Ese contexto habría favorecido a los coccolitóforos y frenado temporalmente a otros grupos de fitoplancton que suelen dominar más adelante en la estación.
Las imágenes satelitales ayudan a seguir estos cambios porque permiten ver desde arriba floraciones tan densas que se vuelven visibles a simple vista. Eso resulta especialmente útil en regiones donde el muestreo directo no siempre alcanza para capturar toda la evolución de un episodio. En este caso, la observación reciente de la NASA no demuestra por sí sola que el cambio descrito en el paper continúe igual en 2026, pero sí ofrece una escena actual que ayuda a entender el fenómeno y su escala.
El tema importa más allá del Mar Negro. Las floraciones de fitoplancton están conectadas con cadenas alimentarias, con la química del agua y con la capacidad del océano para captar y transferir carbono. Si los cambios meteorológicos hacen más frecuentes ciertos patrones de estabilidad superficial, podrían modificarse también los tiempos del ecosistema y la relación entre distintos grupos de microalgas.
Aún así, los propios datos obligan a ser prudentes. El estudio se apoya en un número acotado de temporadas y en una región concreta del mar, de modo que todavía no alcanza para afirmar que exista una tendencia consolidada a largo plazo. La pregunta que plantean sus autores sigue abierta: lo observado puede ser una anomalía llamativa o el comienzo de un cambio más persistente. Justamente por eso, seguir estas manchas turquesa desde satélites y campañas oceanográficas puede convertirse en una pista valiosa para entender cómo responden los mares cerrados a variaciones del clima y de la circulación del agua.
NASA Science · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Silkin, V., Pautova, L., Chasovnikov, V., Podymov, O., & Kremenetskiy, V. (2026). Prolonged Summer Coccolithophore Blooms in the Northeastern Black Sea: Anomaly or Emerging Trend? Diversity, 18(1), 4. https://doi.org/10.3390/d18010004
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