Durante años, los administradores del agua en el oeste de Estados Unidos vieron repetirse la misma frustración: el manto de nieve invernal sugería un caudal razonable para los meses siguientes, pero cuando llegaba la temporada de deshielo el río Colorado entregaba menos agua de la esperada. Un estudio publicado en Geophysical Research Letters propone ahora una explicación concreta para buena parte de esa diferencia: no basta con mirar cuánta nieve cayó en invierno, también importa mucho lo que pasa después, cuando la primavera llega con menos lluvia y más calor.
El trabajo analizó 26 cuencas de cabecera de la parte alta del sistema del Colorado y encontró que las condiciones primaverales más cálidas y secas explican cerca de 70% de la brecha entre el caudal previsto y el que finalmente llega a ríos y embalses. La idea central es sencilla: si en primavera llueve menos, las plantas dependen más del agua del deshielo. Al mismo tiempo, los cielos más despejados dejan pasar más radiación solar, lo que favorece el crecimiento vegetal y aumenta la evaporación desde el suelo.
Eso cambia el destino del agua. En vez de fluir hacia arroyos y ríos, una parte mayor queda atrapada en el sistema suelo-planta-atmósfera. Los autores evaluaron otras hipótesis, como una pérdida directa de nieve por sublimación, pero concluyeron que ese mecanismo solo explica una fracción mucho menor del problema. El papel dominante, según sus resultados, lo tiene la respuesta de la vegetación, que actúa como una red de bombas naturales capaces de extraer agua del suelo y devolverla a la atmósfera.
La pregunta no es menor. El río Colorado y sus tributarios sostienen agua potable, riego y generación hidroeléctrica para siete estados de Estados Unidos y también para México. Cuando la relación entre nieve acumulada y caudal efectivo deja de comportarse como antes, los pronósticos que sirven para administrar represas y planificar consumos pierden precisión justo en una cuenca que ya lleva años bajo presión por la llamada sequía del milenio.
El estudio sugiere además que el problema no nace de un único factor aislado, sino de una cadena de procesos. Menos lluvia en primavera implica menos nubes; menos nubes, más sol; más sol, más crecimiento vegetal y más evaporación. En cuencas de menor altitud el efecto parece todavía más fuerte, porque la nieve se derrite antes y deja más tiempo para que plantas y suelos capturen esa humedad antes de que alcance los cursos de agua.
Para llegar a esas conclusiones, el equipo combinó registros de precipitación y caudal disponibles desde 1964 con modelos sobre consumo de agua por parte de la vegetación. Ese enfoque permite ver patrones amplios en muchas cuencas, pero también impone límites. Los propios autores reconocen que el análisis depende de supuestos sobre cuánta agua pueden seguir tomando las plantas en condiciones secas y sobre cómo interactúan el deshielo, la humedad del suelo y la cobertura nubosa. Traducir esa señal general a pronósticos finos para cada temporada seguirá requiriendo mejoras.
Lo importante para el público general es que el “agua pérdida” no desaparece misteriosamente. Buena parte se queda en el paisaje antes de llegar al río, absorbida por plantas y suelos en una primavera que, bajo condiciones más secas y cálidas, se comporta de otra manera. Esa conclusión obliga a ampliar la mirada: medir nieve en abril ya no alcanza si el clima de las semanas siguientes define cuánto de esa reserva terminará efectivamente disponible.
En un contexto de calentamiento y de lluvias más inestables, la lección va más allá del río Colorado. Los sistemas hídricos alimentados por nieve dependen no solo de cuánto se acumula en invierno, sino también de cómo cambian la vegetación, la atmósfera y el suelo cuando empieza el deshielo. Entender mejor esa secuencia puede ser clave para anticipar cuánta agua habrá realmente cuando más se la necesita.
Scientists finally know where the Colorado River’s missing water is going · ScienceDaily
ScienceDaily · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Hogan, D., & Lundquist, J. D. (2024). Recent Upper Colorado River streamflow declines driven by loss of spring precipitation. Geophysical Research Letters, 51(16). https://doi.org/10.1029/2024GL109826
Relacionadas por categoría
Ver masLas olas de calor marinas pueden estar subestimando mucho el calor que soportan los ecosistemas
Un estudio propone que medir solo el núcleo de una ola de calor marina deja afuera largos períodos de agua anormalmente cálida y subestima en más de 150% la exposición total al calor.
Un material magnético reutilizable retira microplásticos y parte de los PFAS del agua
Un equipo desarrolló un adsorbente magnético que elimina más de 95% de microplásticos y nanoplásticos del agua, y además captura parte de las sustancias PFAS.
Cambios en la circulación atmosférica explican buena parte de la sequía estival en Europa
Un estudio atribuye alrededor de 55% de la caída de humedad del suelo en los veranos europeos desde 1980 a cambios en los patrones atmosféricos, además del calentamiento de fondo.
Más de la misma fuente
Ver masUna cueva de los Pirineos pudo funcionar como campamento minero hace 5.500 años
Un estudio arqueológico sugiere que una cueva a más de 2.200 metros de altura fue visitada durante siglos y pudo estar ligada a trabajos tempranos con minerales de cobre en los Pirineos.
Un sistema binario extremo ayuda a explicar una clase de señales cósmicas repetitivas
Un estudio en Nature Astronomy vinculó pulsos de radio de período largo con una enana blanca que extrae material de una estrella vecina, una pista clave para entender un fenómeno raro del cielo.
El telescopio Roman podría detectar estrellas de neutrones invisibles
Simulaciones sugieren que el telescopio espacial Roman podría hallar y medir estrellas de neutrones aisladas mediante microlentes gravitacionales y pequeños desplazamientos estelares.
Más del mismo autor
Ver masEl LHC encuentra nuevas pistas del plasma primordial en choques de oxígeno
Las cuatro grandes colaboraciones del LHC detectaron nuevas señales de plasma de quarks y gluones en colisiones de oxígeno y neón, lo que sugiere que ese estado extremo puede surgir en sistemas más pequeños.
Los castigos previos pueden dificultar aprender de las recompensas
Un estudio con 159 participantes encontró que, cuando una misma opción arrastra un historial de castigos, aprender de sus recompensas se vuelve más difícil y aumenta la exploración.
Lantana camara: una planta invasora que se propaga sin diversidad genética
Un estudio con 359 plantas de India reveló que Lantana camara, una de las especies invasoras más problemáticas del mundo, se reproduce principalmente por autofecundación y existe como líneas genéticas idénticas.