Primaveras más secas explican gran parte del agua que no llega al río Colorado

Un estudio encontró que la caída de las lluvias de primavera explica cerca de 70% de la brecha entre la nieve acumulada y el agua que finalmente llega al río Colorado.

Por Redacción Ciencias.UY 29 de junio de 2026 a las 08:00 5 min de lectura
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Vista del río Colorado entre formaciones rocosas rojizas en Arizona

Durante años, los administradores del agua en el oeste de Estados Unidos vieron repetirse la misma frustración: el manto de nieve invernal sugería un caudal razonable para los meses siguientes, pero cuando llegaba la temporada de deshielo el río Colorado entregaba menos agua de la esperada. Un estudio publicado en Geophysical Research Letters propone ahora una explicación concreta para buena parte de esa diferencia: no basta con mirar cuánta nieve cayó en invierno, también importa mucho lo que pasa después, cuando la primavera llega con menos lluvia y más calor.

El trabajo analizó 26 cuencas de cabecera de la parte alta del sistema del Colorado y encontró que las condiciones primaverales más cálidas y secas explican cerca de 70% de la brecha entre el caudal previsto y el que finalmente llega a ríos y embalses. La idea central es sencilla: si en primavera llueve menos, las plantas dependen más del agua del deshielo. Al mismo tiempo, los cielos más despejados dejan pasar más radiación solar, lo que favorece el crecimiento vegetal y aumenta la evaporación desde el suelo.

Eso cambia el destino del agua. En vez de fluir hacia arroyos y ríos, una parte mayor queda atrapada en el sistema suelo-planta-atmósfera. Los autores evaluaron otras hipótesis, como una pérdida directa de nieve por sublimación, pero concluyeron que ese mecanismo solo explica una fracción mucho menor del problema. El papel dominante, según sus resultados, lo tiene la respuesta de la vegetación, que actúa como una red de bombas naturales capaces de extraer agua del suelo y devolverla a la atmósfera.

La pregunta no es menor. El río Colorado y sus tributarios sostienen agua potable, riego y generación hidroeléctrica para siete estados de Estados Unidos y también para México. Cuando la relación entre nieve acumulada y caudal efectivo deja de comportarse como antes, los pronósticos que sirven para administrar represas y planificar consumos pierden precisión justo en una cuenca que ya lleva años bajo presión por la llamada sequía del milenio.

El estudio sugiere además que el problema no nace de un único factor aislado, sino de una cadena de procesos. Menos lluvia en primavera implica menos nubes; menos nubes, más sol; más sol, más crecimiento vegetal y más evaporación. En cuencas de menor altitud el efecto parece todavía más fuerte, porque la nieve se derrite antes y deja más tiempo para que plantas y suelos capturen esa humedad antes de que alcance los cursos de agua.

Para llegar a esas conclusiones, el equipo combinó registros de precipitación y caudal disponibles desde 1964 con modelos sobre consumo de agua por parte de la vegetación. Ese enfoque permite ver patrones amplios en muchas cuencas, pero también impone límites. Los propios autores reconocen que el análisis depende de supuestos sobre cuánta agua pueden seguir tomando las plantas en condiciones secas y sobre cómo interactúan el deshielo, la humedad del suelo y la cobertura nubosa. Traducir esa señal general a pronósticos finos para cada temporada seguirá requiriendo mejoras.

Lo importante para el público general es que el “agua pérdida” no desaparece misteriosamente. Buena parte se queda en el paisaje antes de llegar al río, absorbida por plantas y suelos en una primavera que, bajo condiciones más secas y cálidas, se comporta de otra manera. Esa conclusión obliga a ampliar la mirada: medir nieve en abril ya no alcanza si el clima de las semanas siguientes define cuánto de esa reserva terminará efectivamente disponible.

En un contexto de calentamiento y de lluvias más inestables, la lección va más allá del río Colorado. Los sistemas hídricos alimentados por nieve dependen no solo de cuánto se acumula en invierno, sino también de cómo cambian la vegetación, la atmósfera y el suelo cuando empieza el deshielo. Entender mejor esa secuencia puede ser clave para anticipar cuánta agua habrá realmente cuando más se la necesita.

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DOI del paper

10.1029/2024GL109826

Cita original

Hogan, D., & Lundquist, J. D. (2024). Recent Upper Colorado River streamflow declines driven by loss of spring precipitation. Geophysical Research Letters, 51(16). https://doi.org/10.1029/2024GL109826

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