El cuidado de crías que no son propias es una de las bases de la vida social en muchos insectos. Un estudio publicado en Nature sugiere que, en las hormigas, parte de esa conducta no surgió desde cero, sino que reutiliza señales químicas mucho más antiguas, originalmente ligadas al hambre y la alimentación.
El trabajo se centró en la hormiga clonal Ooceraea biroi, una especie que permite seguir con bastante precisión cómo cambia el comportamiento de las obreras con la edad. En estas colonias, las hormigas jóvenes suelen quedarse en el nido y atender a las larvas, mientras que las de más edad pasan más tiempo explorando y buscando comida. Ese relevo ya se conocía, pero no estaba claro qué mecanismos del cerebro ayudaban a empujarlo.
Para investigarlo, el equipo hizo primero un cribado farmacológico sin partir de una lista corta de candidatos. Probó distintos neuropéptidos, moléculas que usan las neuronas para modular el comportamiento, y encontró dos con efectos opuestos sobre el cuidado de las larvas. El neuropéptido F, o NPF, aumentó ese comportamiento, mientras que la allatostatina A, conocida como AstA, lo redujo. Después, los investigadores combinaron esas pruebas con manipulaciones funcionales y mediciones en el cerebro para ver si el patrón también aparecía de forma natural.
Según los resultados, las cantidades de NPF y AstA cambian a medida que las obreras envejecen, en paralelo con el pasaje desde el trabajo de cuidado dentro del nido hacia tareas más externas. El estudio también encontró que esas señales siguen respondiendo al estado nutricional: cuando cambia la alimentación, también cambia la disposición de las hormigas a ocuparse de las larvas. La idea general es que la evolución habría reciclado un sistema que ya servía para ajustar la conducta según el hambre y lo convirtió en una herramienta para organizar el trabajo colectivo.
El hallazgo importa porque ayuda a explicar cómo pueden aparecer conductas sociales complejas sin necesidad de inventar circuitos biológicos completamente nuevos. En vez de eso, la evolución puede tomar mecanismos previos y darles otro uso. En este caso, una regulación ancestral de la alimentación habría terminado participando en una forma de cuidado cooperativo, un rasgo central de las sociedades de insectos.
Eso no significa que todo el comportamiento social de las hormigas dependa de estas dos moléculas ni que el resultado pueda trasladarse sin más a otras especies. El estudio se hizo en una sola especie de hormiga y describe solo una parte de un fenómeno mucho más amplio. Aún así, ofrece una pista clara sobre cómo se conectan nutrición, edad y organización social, y muestra que preguntas grandes sobre la evolución del cuidado también pueden empezar a responderse observando el cerebro diminuto de un insecto.
Ancient feeding-related neuropeptides regulate alloparenting in ants · Nature
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Paul, A., Kay, T., Lacroix, I., Chandra, V., Gal, A., Piekarski, P. K., Valdés-Rodríguez, S., Ritger, A. L., Lee, K. S., Lacy, K. D., & Kronauer, D. J. C. (2026). Ancient feeding-related neuropeptides regulate alloparenting in ants. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10747-6
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