Estirar un vaso en chip permite guiar cómo crecen nuevos capilares

Investigadores del MIT mostraron que el estiramiento mecánico de un vaso sanguíneo en chip puede dirigir cuántos capilares nuevos aparecen y hacia dónde crecen.

Por Redacción Ciencias.UY 14 de julio de 2026 a las 09:00 4 min de lectura
Imagen: MIT News | Massachusetts Institute of Technology Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Vasos sanguíneos artificiales en chip con una arteria central y capilares que brotan a su alrededor.

Una de las grandes trabas para fabricar tejidos u órganos en laboratorio no es solo conseguir las células adecuadas, sino darles una red de vasos sanguíneos que las alimente. Sin ese entramado, el tejido puede parecer prometedor, pero no logra recibir oxígeno y nutrientes de una manera comparable a la del cuerpo. Un equipo del MIT mostró ahora que una señal física muy simple, estirar suavemente un vaso sanguíneo artificial, puede ayudar a ordenar ese crecimiento.

Los investigadores construyeron un “vaso sanguíneo en chip” más pequeño que una estampilla. En el centro del dispositivo formaron una arteria artificial con células endoteliales humanas, las mismas que recubren el interior de los vasos, dentro de un gel nutritivo que también contenía un pequeño imán. Al mover desde afuera otro imán, podían sacudir o estirar ese gel de forma repetida y controlar tanto la dirección como la intensidad del movimiento.

El efecto no fue menor. Cuando la arteria artificial quedaba quieta, aparecían algunos brotes nuevos en posiciones más bien azarosas. En cambio, cuando el sistema se estiraba de un lado a otro, surgían más capilares y el patrón cambiaba según el tipo de estímulo. Con una deformación equivalente a 5% del ancho del gel crecieron muchos brotes nuevos; con 15%, aparecieron menos, pero los que surgieron tendieron a ser más largos. Además, al cambiar la dirección del estiramiento, los nuevos vasos siguieron ese cambio de rumbo.

Ese resultado importa porque sugiere que la arquitectura de una red vascular no depende solamente de cócteles químicos o factores de crecimiento. En tejidos reales, las células también sienten fuerzas: empujes, tensiones y cambios de forma. El trabajo indica que esas señales mecánicas pueden convertirse en una herramienta de diseño para fabricar tejidos más organizados y, en principio, más útiles para implantes, modelos de enfermedad o ensayos de fármacos.

El estudio también buscó una explicación biológica. El equipo redujo la actividad de PIEZO1, un gen que regula canales sensibles a la presión mecánica en la membrana celular. Cuando ese gen fue suprimido en las células endoteliales, la formación de nuevos vasos cayó de manera marcada incluso bajo estiramiento. Eso no prueba por sí solo todo el circuito molecular involucrado, pero sí refuerza la idea de que las células traducen la fuerza física en señales internas que activan la angiogénesis, es decir, el brote de nuevos vasos.

Por ahora se trata de un sistema experimental en chip y no de un tejido listo para uso clínico. Falta saber hasta qué punto esta estrategia puede trasladarse a órganos artificiales más complejos y si permite construir redes vasculares suficientemente robustas para funcionar a largo plazo en el cuerpo. Aún con esas limitaciones, el trabajo ofrece una pista concreta para uno de los problemas más persistentes de la ingeniería de tejidos: no solo hacer crecer vasos, sino enseñarles dónde y cómo crecer.

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DOI del paper

10.1073/pnas.2532667123

Cita original

Kheiri, S., Shah, J., Chai, P., Venkatesh, S. A., Flynn, R. A., Kamm, R. D., & Raman, R. (2026). 4D force patterning enables spatial control of angiogenesis. Proceedings of the National Academy of Sciences, 123(28), e2532667123. https://doi.org/10.1073/pnas.2532667123

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