La fiebre, el cansancio y la falta de apetito suelen aparecer juntos cuando una infección nos obliga a bajar el ritmo. Un estudio realizado en ratones propone que esa experiencia no depende de un único “centro de la enfermedad” en el cerebro: se asocia con cambios coordinados en redes mucho más amplias.
El trabajo se centró en cómo el cerebro organiza el llamado comportamiento de enfermedad, la combinación de respuestas que lleva a comer menos, moverse con menor intensidad y conservar energía durante una infección. Los investigadores administraron directamente en el cerebro de ratones domésticos (Mus musculus) prostaglandina E2, una molécula que el organismo produce durante la inflamación y que participa en señales como la fiebre.
La intervención no fue una infección real, sino una manera controlada de provocar rápidamente un estado parecido al de estar enfermo. Los animales desarrollaron fiebre, redujeron su actividad y comieron menos; los efectos fueron reversibles y duraron entre 30 y 45 minutos. Esa ventana breve permitió observar varias mediciones en condiciones comparables, sin esperar las horas o días que pueden requerir otros modelos experimentales de infección.
Mientras los animales mostraban esos cambios, el equipo registró su conducta, elaboró mapas de actividad de todo el cerebro y midió la actividad de neuronas individuales. Encontró señales en numerosas regiones vinculadas con el seguimiento del estado interno del cuerpo. Entre ellas destacó la corteza insular, una zona que ayuda a integrar información procedente del organismo, como malestar, temperatura o hambre.
El resultado no significa que la corteza insular sea la única responsable de sentirse enfermo. Más bien, apoya la idea de que esta región participa en una red distribuida que combina señales corporales con cambios en la conducta y las decisiones. Esa perspectiva ayuda a explicar por qué una infección altera al mismo tiempo funciones físicas y la disposición a realizar actividades cotidianas.
El estudio también aporta una herramienta para investigar esos procesos con mayor rapidez y reversibilidad en animales de laboratorio. Sin embargo, sus conclusiones no describen de manera directa lo sucedido en personas ni prueban un tratamiento. La prostaglandina se aplicó en el cerebro de ratones bajo condiciones experimentales, de modo que todavía queda por aclarar cómo se traducen estas redes durante infecciones naturales y en otros mamíferos.
Sickness is a ‘whole-brain state’ · European Molecular Biology Laboratory
Kamm et al. / Current Biology (Cell Press), 2026 · Resumen gráfico del artículo científico original; atribución preservada · Fuente de imagen
Kamm, G. B., Boffi, J. C., Abd El Hay, M. Y., Rajot, D., Cukić, A., Havenith, M. N., Scholvinck, M., Renier, N., Asari, H., & Prevedel, R. (2026). Central infusion of prostaglandin E2 reveals a unified representation of sickness in the mouse insular cortex. Current Biology. https://doi.org/10.1016/j.cub.2026.09.011
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