Fermi detectó rayos gamma en una supernova superluminosa y refuerza la hipótesis del magnetar

Observaciones del telescopio Fermi aportan la evidencia más sólida hasta ahora de que una supernova superluminosa fue impulsada por un magnetar recién formado.

Por Redacción Ciencias.UY 20 de mayo de 2026 a las 21:00 5 min de lectura
Imagen: NASA Science Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
supernova

Un equipo internacional encontró la evidencia más clara hasta ahora de que una supernova superluminosa puede recibir su energía extra de un magnetar, un tipo extremo de estrella de neutrones con un campo magnético descomunal. La pista llegó desde los rayos gamma detectados por el telescopio espacial Fermi de la NASA.

Las supernovas de colapso del núcleo ocurren cuando una estrella masiva agota su combustible, colapsa bajo su propia gravedad y explota. En algunos casos muy raros, el brillo visible es muchísimo mayor de lo habitual. A esas explosiones se las conoce como supernovas superluminosas.

Durante años, los astrónomos debatieron qué mecanismo podía darles ese impulso adicional. Entre las explicaciones más discutidas estaba la formación de un magnetar: una estrella de neutrones recién nacida, muy compacta y con un campo magnético extraordinariamente intenso.

Según la NASA, el equipo analizó datos de los primeros 16 años de la misión Fermi y buscó rayos gamma en las seis supernovas superluminosas más cercanas observadas en ese período. Solo una, SN 2017egm, mostró evidencia de esta radiación de alta energía.

La explosión ocurrió en la galaxia NGC 3191, a unos 440 millones de años luz, en la constelación de la Osa Mayor. Los investigadores compararon distintas explicaciones teóricas para reproducir tanto el brillo óptico como la señal gamma. El modelo que mejor encajó fue el de un magnetar recién formado.

En ese escenario, el objeto nace girando cientos de veces por segundo y lanza un flujo muy energético de electrones y positrones. Ese entorno favorece procesos que producen y absorben rayos gamma. Al principio, esa radiación no puede escapar con facilidad y parte de su energía termina reprocesada en luz visible, lo que ayuda a explicar por qué la supernova brilla tanto.

Los autores señalan que el modelo reproduce bien la luminosidad y la llegada de los rayos gamma en los primeros meses, aunque el comportamiento de la fase tardía del evento sigue necesitando ajustes y quizá involucre procesos adicionales.

El hallazgo importa porque abre una vía nueva para estudiar el funcionamiento interno de las supernovas superluminosas. Observar rayos gamma en estos eventos permite poner a prueba de manera más directa las teorías sobre qué ocurre en sus etapas iniciales.

La principal limitación es que la evidencia se apoya en un caso particularmente favorable y raro. No demuestra que todas las supernovas superluminosas funcionen igual. Harán falta más observaciones y nuevos instrumentos para saber con qué frecuencia aparece esta firma y cuánto explica del fenómeno en general.

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