Los vertederos suelen aparecer en los inventarios climáticos como una fuente conocida de metano, pero no siempre como una de las más visibles. Sin embargo, un estudio de largo plazo en un vertedero de Nueva Jersey sugiere que esas cuentas podrían estar quedándose cortas. Según el trabajo, las emisiones reales pueden ser bastante mayores que las estimaciones habituales, en parte porque cambian con más fuerza de lo esperado según la temperatura y la presión atmosférica.
El hallazgo importa porque el metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono en escalas cortas de tiempo. Aunque permanece menos años en la atmósfera, su capacidad para atrapar calor lo vuelve especialmente relevante cuando se buscan reducciones rápidas del calentamiento. Si una fuente importante está siendo subestimada, también pueden estar subestimándose las oportunidades de mitigación.
El estudio, publicado en Environmental Science & Technology, se basó en mediciones continuas realizadas durante un período prolongado. En lugar de depender solo de factores de emisión promedio o de campañas breves, el equipo siguió cómo variaban las liberaciones de metano a lo largo del tiempo. Esa estrategia permitió ver un patrón estacional claro: las emisiones no se mantienen estables, sino que responden a cambios ambientales como la temperatura y la presión.
Ese punto es clave. Los modelos y reportes suelen simplificar sistemas muy variables para poder compararlos entre regiones y años. Pero un vertedero no es una caja inmóvil. Dentro de la masa de residuos, la materia orgánica se descompone, genera gas y responde a condiciones físicas que pueden facilitar o dificultar su salida a la atmósfera. Si esas variaciones no se capturan bien, el resultado final puede ser un cálculo demasiado bajo.
Los autores no plantean que un único vertedero permita recalcular por sí solo todas las emisiones de Estados Unidos ni del resto del mundo. Esa cautela es importante. El estudio se hizo en un sitio concreto y cada vertedero tiene una combinación particular de clima, composición de residuos, edad, cobertura del suelo y sistemas de captura de gas. Aún así, el trabajo sugiere que el problema no sería marginal, sino lo bastante grande como para justificar revisiones en cómo se monitorea esta fuente.
La implicancia práctica va más allá de una discusión técnica. Si las emisiones están subestimadas, también podría estar infraevaluado el beneficio de mejorar la captura de biogás, sellar mejor las superficies, detectar fugas con más frecuencia o rediseñar políticas de gestión de residuos. En otras palabras, medir mejor no es solo un ejercicio contable: puede cambiar prioridades de inversión y regulación.
Para países como Uruguay, donde la gestión de residuos y las emisiones de metano forman parte de la agenda ambiental, el trabajo ofrece una advertencia útil aunque no entregue cifras transferibles de manera directa. No dice cuánto emiten los vertederos uruguayos, pero sí refuerza una idea general: cuando una fuente es variable y se la observa poco, es fácil que los inventarios se queden cortos.
La conclusión más firme del estudio no es que todos los números actuales estén mal por el mismo margen, sino que las mediciones continuas pueden revelar comportamientos que los promedios esconden. En un problema climático donde cada tonelada cuenta, esa diferencia entre estimar y medir puede ser más importante de lo que parecía.
Long-term study suggests landfill methane emissions are far higher than estimates · Phys.org
Ciencias.uy / MiniMax image-01 · Imagen generada con MiniMax image-01 para Ciencias.uy; uso editorial no comercial; CC BY 4.0 · Fuente de imagen
Hallward-Driemeier, A., Zhao, Y., Drews, M., Sargent, M., Wofsy, S., Barton-Grimley, R., Yerasi, A., Collins, J., Nehrir, A., & Commane, R. (2026). Seasonal Landfill Methane Emissions Driven by Temperature and Pressure. Environmental Science & Technology, 60(18), 13356-13367. https://doi.org/10.1021/acs.est.5c16757
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