La superficie de la Luna parece firme desde lejos, pero en realidad está cubierta por una capa de polvo, fragmentos de roca y material triturado por miles de millones de años de impactos. Esa capa, llamada regolito, puede facilitar o complicar casi cualquier operación sobre el terreno: desde un aterrizaje hasta una perforación, el desplazamiento de un vehículo o la búsqueda de hielo y otros recursos. Ahora, un estudio ofrece uno de los mapas más completos hasta la fecha sobre cómo cambia su espesor en distintas regiones lunares.
El trabajo se basó en el análisis sistemático de 346 cráteres frescos repartidos entre las grandes llanuras oscuras formadas por antiguos flujos de lava, conocidas como mares, y las tierras altas más antiguas y accidentadas. La idea es que los cráteres recientes funcionan como una especie de “sonda natural”: según si su impacto saca o no rocas más grandes a la superficie, los investigadores pueden estimar a qué profundidad empieza el material más compacto que está debajo de la capa suelta.
Con ese enfoque, el equipo concluyó que el regolito superficial es, en promedio, alrededor de un tercio más delgado en los mares que en las tierras altas. En números simples, la capa ronda unos cuatro metros en las llanuras volcánicas y cerca de seis metros en las regiones altas. La diferencia encaja con lo que muchos científicos esperaban: las superficies más antiguas, expuestas durante más tiempo al bombardeo de micrometeoritos e impactos, tienden a acumular una cubierta más gruesa y removida.
Más allá de esa tendencia general, el estudio también subraya que la Luna no es uniforme. Hay variaciones locales importantes, y justamente por eso un mapa global resulta útil. Para una misión que quiera posarse, perforar el subsuelo o instalar instrumentos sísmicos y térmicos, no es lo mismo encontrar unos pocos metros de material suelto que una capa bastante más profunda. Incluso la interpretación de la historia geológica de una zona depende en parte de entender cuánto material ha sido triturado, mezclado y redistribuido con el tiempo.
El hallazgo también ayuda a poner en contexto mediciones previas obtenidas con otros métodos, como observaciones radar, datos sísmicos o imágenes orbitales. En vez de reemplazarlas, las integra en una síntesis más amplia y refuerza la idea de que existe una relación general entre la edad del terreno y el espesor del regolito, aunque esa relación no sea perfecta en todos los lugares.
Los autores no presentan su mapa como una versión definitiva de la Luna. Aún quedan regiones con pocos datos y la estimación depende de modelos sobre cómo los cráteres excavan y dispersan material. Pero el trabajo sí aporta una base más sólida para planificar futuras misiones y para entender mejor cómo evoluciona la superficie de los mundos sin atmósfera, donde el paisaje cambia lentamente a fuerza de impactos en lugar de lluvia, viento o ríos.
With an eye toward exploration, researchers map moon's regolith thickness · Phys.org
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Rajšić, A., Daubar, I. J., Khan, S., & Jones, M. J. (2026). New constraints on the spatial and temporal evolution of the lunar surface regolith. The Planetary Science Journal, 7(7), 166. https://doi.org/10.3847/PSJ/AE7A6F
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