La iluminación nocturna no afecta a todos los insectos por igual. Un estudio hecho en estaciones rurales de tren de Alemania encontró que cambiar luces blancas frías o lámparas de sodio por LEDs ámbar muy cálidos, de 1800 kelvin, reduce de forma marcada la cantidad de insectos atraídos hacia esas fuentes artificiales. No elimina el problema, pero sí apunta a una medida concreta para disminuir uno de los impactos de la contaminación lumínica sobre la biodiversidad.
El trabajo comparó tres tipos de iluminación exterior en seis estaciones ubicadas dentro de una reserva alemana de cielo oscuro, un entorno elegido justamente para minimizar la interferencia de otras fuentes de luz. Durante las temporadas de campo de 2023 y 2024, los investigadores midieron cuántos insectos llegaban a cada tipo de lámpara, qué biomasa acumulaban y cuánta diversidad de especies aparecía en las trampas. También incluyeron sitios sin iluminación como referencia para estimar cuánto empeoraba cada tecnología la situación respecto de la oscuridad.
El resultado más claro fue que los LEDs ámbar de 1800 K atrajeron entre 39% y 51% menos individuos que las lámparas de sodio de alta presión y que los LEDs blancos fríos de 4000 K. La biomasa capturada también cayó entre 51% y 77% bajo la iluminación ámbar. Además, el estudio mostró que las lámparas de sodio, que durante años se consideraron una opción relativamente más amable para la fauna nocturna, resultaron casi tan atractivas para los insectos como los LEDs blancos.
Esa diferencia importa porque muchas especies vuelan hacia la luz y pueden pasar horas orbitándola hasta agotarse, volverse presa fácil o abandonar actividades clave como alimentarse, reproducirse o desplazarse por el paisaje. Cuando ese efecto se repite noche tras noche en caminos, estaciones, calles o predios industriales, la luz artificial deja de ser un detalle técnico y pasa a convertirse en una presión ambiental más sobre poblaciones que ya enfrentan pérdida de hábitat, pesticidas y calentamiento global.
El estudio también tiene una consecuencia práctica inmediata. Tras los ensayos, las seis estaciones analizadas fueron convertidas a LEDs ámbar de 1800 K. Eso no significa que la solución sea perfecta. Los propios autores aclaran que cualquier luz sigue atrayendo más insectos que la ausencia de luz, de modo que la oscuridad sigue siendo la opción menos dañina cuando la seguridad y el uso del lugar lo permiten. La comparación muestra, más bien, que si una fuente de luz es necesaria, su color y composición espectral pueden hacer una diferencia importante.
Conviene no extrapolar el hallazgo sin cuidado. El estudio se hizo en estaciones ferroviarias rurales de una reserva específica y se concentró en insectos nocturnos que vuelan hacia las trampas. Otras infraestructuras, otros paisajes y otros grupos de insectos podrían responder de manera distinta. Aún así, la evidencia aporta un argumento sólido a favor de rediseñar la iluminación exterior con criterios ecológicos, no solo energéticos: a veces una luz más cálida puede ser una intervención simple con efectos reales sobre la vida nocturna.
How simple amber lights could make nights safer for insects · Phys.org
Ciencias.uy / MiniMax image-01 · Imagen generada con MiniMax image-01 para Ciencias.uy; uso editorial no comercial; CC BY 4.0 · Fuente de imagen
Ludreschl, C., Kirse, A., Hartke, T. R., Bhansali, S., Bourlat, S., Mayer, C., Ott, D., Bott, F., Rutte, D., Siemt, P., Espeland, M., & Scherber, C. (2026). Optimised light sources reduce nocturnal insect attraction at railway stations. Biological Conservation, 321, 111964. https://doi.org/10.1016/j.biocon.2026.111964
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