Muchas de las características que distinguen a los humanos, incluido un cerebro grande y costoso en términos de energía, plantean una pregunta básica: de dónde salió durante millones de años el combustible necesario para sostenerlo. Un estudio publicado en Science propone una respuesta menos asociada a la carne y más a lo dulce. Según sus autores, los azúcares de frutas y miel habrían sido una fuente decisiva de glucosa para primates y ancestros humanos antes de que cocinar volviera mucho más accesible el almidón.
La idea desafía una imagen muy instalada de la evolución humana. Con frecuencia se supone que el crecimiento del cerebro dependió sobre todo de comer más carne y, en una etapa posterior, de usar el fuego para extraer más energía de los alimentos. El nuevo trabajo no niega la importancia de esos cambios, pero sostiene que dejan sin resolver un problema clave: cómo cubrían su demanda obligatoria de glucosa los homininos tempranos mucho antes de cocinar de manera habitual.
Para abordarlo, el equipo reunió varias líneas de evidencia. Combinó datos sobre metabolismo cerebral y reproducción, comparaciones con la dieta de chimpancés y otros primates, registros ecológicos y un modelo sobre cómo pudo cambiar la distribución de macronutrientes a lo largo de unos cuatro millones de años de evolución. Su conclusión es que, antes de que el almidón cocido se volviera fácil de digerir, los azúcares presentes en frutas y miel probablemente aportaban más de una cuarta parte de la energía diaria.
Ese punto importa porque la glucosa es el combustible preferido del cerebro. A medida que este órgano se agrandó, también creció su costo energético. El estudio plantea que una dieta con acceso suficiente a alimentos dulces habría ayudado a cubrir esa demanda sin necesidad de imaginar un consumo sostenido de carne en niveles muy altos desde etapas muy tempranas. En ese marco, el gusto humano por lo dulce no sería solo una preferencia moderna, sino también la huella de una presión evolutiva antigua.
Los autores también distinguen entre obtener energía en general y obtener glucosa en particular. Golpear, triturar o procesar alimentos puede liberar más calorías, pero no siempre resuelve la necesidad específica de azúcares fácilmente disponibles para tejidos como el cerebro y para etapas exigentes como el embarazo y la lactancia. Su argumento es que frutas y miel ofrecían esa ventaja mucho antes de que la cocina transformara raíces y tubérculos ricos en almidón en una fuente más eficiente de glucosa.
El trabajo no demuestra qué comió cada población ancestral en cada lugar ni convierte la dieta humana temprana en una receta simple. Se basa en un modelo integrador construido con evidencias indirectas, no en menús fósiles completos. Además, la disponibilidad de frutas, miel y otros recursos debió variar muchísimo según el ambiente, la estación y la especie humana considerada.
Aún así, la propuesta reordena el debate. En vez de preguntar solo cuándo empezamos a comer más carne o a cocinar, invita a pensar qué alimentos podían sostener día tras día un cerebro cada vez más demandante. Si otros investigadores respaldan esta interpretación, la historia evolutiva del cerebro humano podría entenderse un poco menos como una historia de proteína y fuego solamente, y un poco más como una historia de carbohidratos accesibles en el momento justo.
Sugar may have been a key ingredient in human evolution · Science News
Science News · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Brand-Miller, J., Hardy, K., Raubenheimer, D., & Copeland, L. (2026). A central role for dietary sugars in human evolution. Science, 393(6811), 574-581. https://doi.org/10.1126/science.aed8437
Relacionadas por categoría
Ver masLas bacterias de la piel ayudan a algunas ranas a resistir un hongo letal
Un experimento con ranas neotropicales indica que parte de su microbioma cutáneo puede limitar la infección por el hongo quítrido, una amenaza global para los anfibios.
Los cíclidos aceleran el recambio de dientes cuando pierden piezas
Un experimento con cíclidos del lago Malawi mostró que la pérdida de dientes acelera su sustitución y permitió seguir los cambios celulares que acompañan ese proceso.
Dos nuevas arañas marinas ayudan a completar el mapa de biodiversidad del mar de Salish
Un estudio describió dos especies nuevas de arañas marinas y aclaró cómo reconocer siete especies costeras del mar de Salish.
Más de la misma fuente
Ver masCambios en la corteza cerebral aparecieron años antes del amiloide detectable
Un seguimiento con resonancias y PET detectó cambios sutiles en la corteza de personas que más tarde acumularon amiloide, sin que eso constituya un diagnóstico individual.
Una señal de radio abre una ventana al magnetismo de un exoplaneta
Un equipo detectó ráfagas de radio en Beta Pictoris b y las interpreta como auroras; la señal permitiría estimar, por primera vez, el campo magnético de un exoplaneta.
La menopausia mostró un patrón distinto de cambio estructural cerebral
Un estudio longitudinal comparó resonancias de pubertad, embarazo y menopausia. En esta última transición no detectó una aceleración de la pérdida de materia gris cortical.
Más del mismo autor
Ver masUn biorreactor sólido acerca mejor el metano a las bacterias
Unos andamios impresos en 3D mejoraron la conversión de metano en succinato en pruebas de laboratorio al evitar una barrera habitual de los reactores líquidos.
Así se degradan los escudos térmicos durante la reentrada
Imágenes de rayos X y análisis computacional muestran cómo cambia por dentro un material que se sacrifica para proteger naves durante la reentrada.
Un programa de reparación del intestino puede ayudar al cáncer colorrectal a diseminarse
Experimentos con organoides, ratones y datos de pacientes muestran cómo un programa normal de reparación puede facilitar la llegada de células tumorales al hígado.