Durante décadas, buena parte de la historia del metano atmosférico se reconstruyó con hielos de Groenlandia y la Antártida. Eso permitía seguir la evolución global de este gas de efecto invernadero, pero dejaba una pregunta difícil de responder: cuánto pesaban realmente las emisiones de las regiones tropicales, donde hoy se ubican algunas de sus mayores fuentes naturales. Un estudio publicado en Nature sumó ahora una pieza que faltaba: el primer registro tropical confiable de metano de los últimos 2.000 años.
La clave estuvo en el nevado Huascarán, en los Andes peruanos. Allí, a 6.768 metros de altura, un equipo perforó núcleos de hielo y analizó el aire atrapado en sus burbujas. Ese aire funciona como una cápsula del tiempo. Al comparar las concentraciones medidas en Huascarán con las de núcleos polares, los investigadores encontraron que las tendencias generales coinciden, pero que el registro tropical muestra concentraciones sistemáticamente más altas durante la era preindustrial. Esa diferencia encaja con una idea discutida desde hace años: que las bajas latitudes aportaban más metano del que sugerían las reconstrucciones basadas solo en polos.
El trabajo no se limita a medir concentraciones. También incorpora análisis isotópicos de carbono en el metano y los integra en un modelo atmosférico de cuatro regiones. Con ese enfoque, los autores concluyen que las zonas ecuatoriales habrían dominado la intensidad de las fuentes de metano durante los últimos dos milenios. En otras palabras, el nuevo núcleo no cambia solo el mapa geográfico del problema: obliga a afinar cómo se reparte la producción natural de metano entre trópicos, latitudes medias y regiones polares.
Esa precisión importa por más de una razón. El metano calienta mucho más que el dióxido de carbono a corto plazo y sus emisiones dependen de humedales, agricultura, combustibles fósiles y otros procesos que responden de formas distintas al clima y a la actividad humana. Si las estimaciones sobre el aporte tropical del pasado eran demasiado bajas, también pueden necesitar ajustes los modelos usados para interpretar el presente y proyectar el futuro. El estudio recuerda además el contexto general: en los últimos 800.000 años, el metano atmosférico osciló aproximadamente entre 350 y 800 partes por mil millones, pero desde 1750 aumentó cerca de 160% y alcanzó unas 1.935 partes por mil millones en 2025.
Los datos del Huascarán también muestran episodios históricos interesantes. Entre fines del siglo XV y el XVII aparece primero un aumento y luego una caída de metano, una variación que coincide en términos generales con señales vistas en otros núcleos y con cambios climáticos del período conocido como Pequeña Edad de Hielo. Los autores son prudentes: esas coincidencias no prueban por sí solas una causa concreta, pero ayudan a comparar cómo respondieron distintas regiones del planeta a las oscilaciones del sistema climático y del uso humano del territorio.
Como toda reconstrucción paleoclimática, el estudio tiene límites. Se apoya en un único núcleo tropical de alta montaña, con una cantidad acotada de muestras isotópicas, y parte de sus conclusiones depende de un modelo simplificado de la atmósfera. Además, mostrar una señal tropical más fuerte no equivale a identificar con exactitud qué humedales o qué paisajes generaron cada parte del metano. Aún así, el resultado abre una ventana muy valiosa: el hielo tropical, mucho menos estudiado que el polar, puede ayudar a entender mejor de dónde venía el metano antes de que la industrialización empujara sus niveles a un territorio sin precedentes en la historia humana.
A global atmospheric methane record from a tropical ice core · Nature
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Lamantia, K. A., Thompson, L. G., Davis, M. E., Riddell-Young, B., Strawson, I., Beaudon, E., Mosley-Thompson, E., Nguyen, N., & Brook, E. J. (2026). A global atmospheric methane record from a tropical ice core. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10938-1
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