Ante un peligro, estar acompañado no siempre produce la misma reacción. Un estudio con ratones encontró que la presencia de un compañero puede cambiar la forma en que enfrentan una amenaza, pero ese cambio depende tanto del tipo de peligro como de la posición de cada animal dentro de su pareja.
El equipo trabajó con pares de ratones machos adultos que convivieron durante dos semanas. Para establecer cuál ocupaba la posición dominante y cuál la subordinada, aplicaron una prueba en la que los animales avanzan por un tubo estrecho: el que logra hacer retroceder al otro es clasificado como dominante. Después observaron a los ratones solos y acompañados en dos situaciones muy diferentes.
En una de ellas, una sombra expansiva proyectada sobre la arena imitaba la aproximación súbita de un depredador aéreo. En la otra, una rata viva permanecía cinco minutos en un compartimento transparente y perforado junto a la arena, de modo que los ratones podían percibirla sin contacto físico. Los investigadores registraron movimientos, uso del espacio y conductas como quedarse inmóvil, escapar, erguirse o interactuar con el compañero.
Frente a la amenaza visual, los animales acompañados mostraron menos conductas defensivas inmediatas que cuando estaban solos. El efecto no fue idéntico para todos: en los ratones dominantes disminuyó de forma marcada el tiempo total dedicado a defenderse y se acortaron algunos episodios de inmovilidad. Los subordinados también modificaron sus respuestas, pero con otro patrón, incluido un descenso mayor de la velocidad de escape.
La presencia sostenida de la rata produjo un resultado distinto. Estar junto a otro ratón favoreció un pasaje desde respuestas más pasivas hacia otras más activas, sobre todo en los individuos dominantes. En vez de mostrar una simple reducción del miedo, los datos sugieren que la compañía reorganiza las opciones defensivas disponibles según la situación: una alarma repentina no exige la misma conducta que una amenaza cercana que se mantiene en el tiempo.
El estudio también observó cambios en la interacción entre los miembros de cada pareja después de la exposición al peligro. Los animales dominantes tendieron a iniciar más conductas sociales, mientras que los subordinados respondieron con mayor frecuencia a esas iniciativas. Eso apunta a que la amenaza y la organización social se influyen mutuamente, al menos en este modelo experimental.
Los resultados no permiten trasladar directamente estas conclusiones a las personas. Se realizaron con ratones machos, parejas concretas y situaciones controladas de laboratorio; además, la jerarquía social humana y las respuestas al temor son mucho más complejas. Aún así, el trabajo muestra por qué estudiar la conducta defensiva no consiste solo en identificar un estímulo amenazante: importa también quién está cerca y qué relación tiene con el animal que percibe el peligro.
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Li, L.-y., Gao, X., Zhang, J., Wu, W.-w., & Li, Y.-t. (2026). Rank- and threat-dependent social modulation of innate defensive behaviors. eLife, 15, RP109571. https://doi.org/10.7554/eLife.109571.2
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